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Klaus Schwab: la cuarta revolución industrial: qué significa, cómo reaccionar

Klaus Schwab: la cuarta revolución industrial: qué significa, cómo reaccionar

Mientras las líneas entre lo físico y lo digital se desdibujan, necesitamos garantizar que la revolución tecnológica tiene un impacto positivo en la sociedad.

Estamos al borde de una revolución tecnológica que fundamentalmente alterará la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será diferente a todo cuanto el género humano ha experimentado con anterioridad. Todavía no sabemos exactamente cómo se desarrollará, pero una cosa está clara: nuestra respuesta debe ser integrada y completa, involucrando a todos los actores del gobierno mundial, desde los sectores públicos y privados hasta la academia y la sociedad civil.

La primera revolución industrial utilizó la energía del agua y el vapor para mecanizar la producción. La segunda se valió de la potencia eléctrica para crear una producción en masa. La tercera usó la electrónica y la tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora, una cuarta revolución industrial se está erigiendo sobre la tercera, la revolución digital que se ha estado desarrollando desde mediados del siglo pasado. Se caracteriza por una fusión de tecnologías que está desdibujando los límites entre las esferas físicas, digitales y biológicas.

Hay tres razones por las cuales las transformaciones actuales representan no sólo una prolongación de la tercera revolución industrial, sino más bien la llegada de una cuarta y distinta: la velocidad, el alcance y el impacto de los sistemas. La velocidad de los avances actuales no tiene precedente histórico. Comparada con revoluciones industriales anteriores, la cuarta está evolucionando a un ritmo exponencial en lugar de lineal. Además, está afectando a la mayoría de industrias en todos los países. Y la amplitud y la profundidad de estos cambios anuncian la transformación de los sistemas enteros de producción, gestión y gobernanza.

Las posibilidades de billones de personas conectadas mediante dispositivos móviles, con una potencia de procesamiento, una capacidad de almacenamiento y un acceso al conocimiento sin precedentes son ilimitadas. Y se multiplicarán por los avances tecnológicos emergentes en campos como la inteligencia artificial, la robótica, el Internet de las cosas, los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, la biotecnología, la ciencia de los materiales, el almacenamiento energético y la computación cuántica.

La inteligencia artificial ya se encuentra en todas partes, desde los coches autoconducidos y los drones hasta los asistentes virtuales y el software que traduce o invierte. Un progreso impresionante se ha logrado en la inteligencia artificial en los últimos años, conducido por incrementos exponenciales en la potencia informática y la disponibilidad de grandes cantidades de información, desde el software utilizado para descubrir nuevos fármacos a los algoritmos empleados para predecir nuestros intereses culturales. Las tecnologías de fabricación digital, por su parte, están interactuando con el mundo biológico a diario. Ingenieros, diseñadores y arquitectos están combinando el diseño computacional, la fabricación aditiva, la ingeniería de materiales y la biología sintética para liderar una simbiosis entre los microorganismos, nuestros cuerpos, los productos que consumimos y hasta los edificios que habitamos.

 Retos y oportunidades

Como las revoluciones precedentes, la cuarta revolución industrial tiene el potencial de aumentar los niveles de ingresos globales y mejorar la calidad de vida de las poblaciones de todo el mundo. Hasta la fecha, aquellos en sacarle el máximo partido han sido los consumidores capaces de acceder al mundo digital y permitírselo. La tecnología ha posibilitado nuevos productos y servicios que refuerzan la eficiencia y el placer de nuestra vida personal. Pedir un taxi, reservar un vuelo, comprar un producto, realizar un pago, escuchar música, ver una película o jugar a un juego: cualquiera de estas tareas puede hacerse remotamente ahora.

En el futuro, la innovación tecnológica también dará lugar a un milagro en la oferta, con ganancias en eficiencia y productividad a largo plazo. Los costes de transporte y comunicación caerán, las cadenas logísticas y de suministro global serán más eficaces y el precio del comercio disminuirá. Todo ello abrirá nuevos mercados e impulsará el crecimiento económico.

Al mismo tiempo, como los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee han señalado, la revolución podría producir una mayor desigualdad, sobre todo con su potencial para perturbar los mercados de trabajo. A medida que la automatización sustituye la mano de obra en toda la economía, la sustitución neta de trabajadores por máquinas podría agravar la brecha entre el rendimiento del capital y el rendimiento del trabajo. Por otro lado, también es posible que el reemplazo de los trabajadores por la tecnología, en conjunto, resulte en un aumento neto de puestos de trabajo seguros y gratificantes.

No podemos prever en este punto cuál será el escenario emergente, y la historia sugiere que el resultado probablemente será una combinación de las dos opciones. Sin embargo, estoy convencido de una cosa: en el futuro el talento, más que el capital, representará el factor crítico de la producción. Esto dará lugar a un mercado laboral cada vez más segregado en «baja cualificación» / «bajos salarios» y «alta cualificación» / «altos salarios», que a su vez provocará un aumento de las tensiones sociales.

Además de ser un problema económico clave, la desigualdad representa la mayor preocupación social asociada a la cuarta revolución industrial. Los mayores beneficiarios de la innovación tienden a ser los proveedores de capital intelectual y físico ─los innovadores, los accionistas y los inversores─, lo que explica la creciente brecha de riqueza entre los dependientes del capital y los del trabajo. Por lo tanto, la tecnología es una de las principales razones por las que los ingresos se han estancado, e incluso han disminuido, para una mayoría de la población en los países de renta alta: la demanda de trabajadores muy cualificados se ha incrementado mientras que la de trabajadores con menos estudios y cualificación ha decrecido. El resultado es un mercado de trabajo con una fuerte demanda en los extremos altos y bajos, pero con un vacío en el centro.

Esto ayuda a explicar por qué tantos trabajadores están desilusionados y asustados. Temen que sus ingresos reales y los de sus hijos continúen estancándose. Esto también ilustra por qué las clases medias de todo el mundo están experimentando cada vez más una sensación generalizada de insatisfacción e injusticia. Una economía vencedora que ofrece un acceso limitado sólo a la clase media es una receta para el malestar democrático y la negligencia.

El descontento también puede ser avivado por la omnipresencia de las tecnologías digitales y las dinámicas de intercambio de información tipificadas por los medios de comunicación. Más del 30 por ciento de la población mundial utiliza ahora plataformas de medios sociales para conectarse, aprender y compartir información. En un mundo ideal, estas interacciones proporcionarían una oportunidad para el entendimiento y la cohesión intercultural. Sin embargo, también pueden crear y propagar expectativas poco realistas en cuanto a lo que constituye el éxito de un individuo o grupo, así como ofrecer oportunidades de propagación de ideas e ideologías extremas.

El impacto en las empresas

Un tema subyacente en mis conversaciones con los CEOs globales y los altos ejecutivos es que la aceleración de la innovación y la velocidad de los cambios son difíciles de comprender o anticipar y que estos conductores constituyen una fuente de sorpresa constante, incluso para las personas mejor conectadas e informadas. De hecho, en todas las industrias existe una clara evidencia de que las tecnologías que sustentan la cuarta revolución industrial están teniendo un gran impacto en las empresas.

Por el lado de la oferta, muchas industrias están estudiando la introducción de nuevas tecnologías, lo cual crea nuevas formas de satisfacer las necesidades existentes completamente y altera significativamente las cadenas de valor existentes de la industria. La transformación también está fluyendo de competidores ágiles e innovadores quienes ─gracias al acceso a las plataformas digitales globales de investigación, desarrollo, marketing, ventas y distribución─ pueden expulsar a los titulares bien establecidos más rápido que nunca mediante la mejora de la calidad, la velocidad o el precio al cual el valor es entregado.

Los grandes cambios también se están produciendo en el lado de la demanda, como la creciente transparencia, la participación de los consumidores y sus nuevos patrones de comportamiento (establecidos cada vez más sobre el acceso a las redes móviles y de datos), los cuales obligan a las compañías a adaptar su forma de diseñar, comercializar y ofrecer productos y servicios.

Una tendencia clave es el desarrollo de plataformas tecnológicamente habilitadas que combinan tanto la demanda como la oferta para alterar las estructuras existentes en la industria, como las que vemos en el ámbito de la economía de «intercambio» o «a la carta». Estas plataformas tecnológicas, prestadas fácilmente para usarlas en los teléfonos inteligentes, reúnen a las personas, los bienes y la información ─creando así formas completamente nuevas de consumir bienes y servicios en el proceso. Además, disminuyen las barreras de las empresas y los individuos para generar riqueza, alterando los entornos personales y profesionales de los trabajadores. Estos nuevos negocios plataforma se están multiplicando rápidamente en muchos servicios nuevos, desde la ropa a las compras, de las tareas al estacionamiento, desde masajes hasta viajes.

En general, hay cuatro efectos principales que la cuarta revolución industrial produce en las empresas ─sobre las expectativas del cliente, en la mejora de los productos, en la innovación colaborativa y en las formas de organización. Se trate de consumidores o negocios, los clientes se sitúan cada vez más en el epicentro de la economía, lo cual trata de mejorar en gran manera la atención que reciben. Los productos y los servicios físicos, además, pueden ser mejorados ahora con capacidades digitales que potencian su valor. Las nuevas tecnologías crean activos más duraderos y resistentes, mientras que la información y el análisis están transformando su mantenimiento. Un mundo de experiencias para los clientes, unos servicios basados ​​en datos y un rendimiento de los activos a través de la analítica, por su parte, requieren nuevas formas de colaboración, especialmente teniendo en cuenta la velocidad a la que la innovación y la desorganización se llevan a cabo. Y la aparición de plataformas globales y otros nuevos modelos de negocio, por último, significa que el talento, la cultura y las formas de organización tendrán que ser reconsiderados.

Normalmente, el cambio inexorable desde la simple digitalización (la tercera revolución industrial) a la innovación basada en combinaciones tecnológicas (la cuarta revolución industrial) está obligando a las empresas a reexaminar su forma de hacer negocios. El resultado, sin embargo, es el mismo: los líderes y los altos ejecutivos necesitan comprender su entorno cambiante, desafiar los supuestos de sus equipos operativos e innovar continuamente y sin descanso.

El impacto en los gobiernos

A medida que los mundos físicos, biológicos y digitales siguen convergiendo, nuevas tecnologías y plataformas permitirán a los ciudadanos participar cada vez más con los gobiernos, expresar sus opiniones, coordinar sus esfuerzos e incluso esquivar la supervisión de las autoridades públicas. Al mismo tiempo, los gobiernos obtendrán nuevas fuerzas tecnológicas para aumentar su control sobre las poblaciones, basado en los sistemas de vigilancia generalizada y la capacidad de dirigir la infraestructura digital. En general, sin embargo, los gobiernos se enfrentarán cada vez a más presión para cambiar su enfoque actual de participación pública y la formulación de las políticas, ya que su papel central en la conducción política disminuye debido a las nuevas fuentes de competencia y a la redistribución y descentralización del poder que posibilitan las nuevas tecnologías.

Finalmente, la capacidad de adaptación de los sistemas de gobierno y las autoridades públicas determinará su supervivencia. Si resultan capaces de abarcar un mundo de cambio perturbador, sometiendo sus estructuras a los niveles de transparencia y eficiencia que les permitan mantener su ventaja competitiva, podrán resistir. Si no pueden evolucionar, tendrán que afrontar problemas crecientes.

Esto será especialmente cierto en el ámbito de la regulación. Los sistemas actuales de política pública y el poder de decisión evolucionaron con la segunda revolución industrial, cuando los dirigentes políticos tenían tiempo para estudiar un asunto específico y desarrollar la respuesta necesaria o el marco regulador apropiado. Todo el proceso se diseñó para ser lineal y mecánico, siguiendo un estricto enfoque «de arriba abajo».

Sin embargo, una estrategia de este tipo ya no es factible. Debido al rápido ritmo de cambio y al gran impacto de la cuarta revolución industrial, legisladores y reguladores están siendo desafiados a un nivel sin precedentes y en su mayor parte están demostrando ser incapaces de salir adelante.

Entonces, ¿cómo pueden mantener el interés de los consumidores y el público en general sin dejar de apostar por la innovación y el desarrollo tecnológico? Adoptando la gobernanza «ágil», tal como el sector privado ha ido adoptando respuestas ágiles para el desarrollo del software y las operaciones de negocios de forma global. Esto significa que los reguladores deben adaptarse continuamente a un nuevo entorno en rápido cambio, reinventándose a sí mismos para poder entender realmente qué es están legalizando. Para ello, los gobiernos y los organismos reguladores necesitarán colaborar estrechamente con las empresas y la sociedad civil.

El efecto en las personas

La cuarta revolución industrial, finalmente, cambiará no sólo lo que hacemos, sino también lo que somos. Afectará a nuestra identidad y a todos los asuntos vinculados a ella: nuestro sentido de privacidad, nuestras nociones de propiedad, nuestros patrones de consumo, el tiempo dedicado al trabajo y al ocio y la forma en que desarrollamos nuestras carreras, cultivamos nuestras habilidades, conocemos gente y alimentamos relaciones. De hecho, ya está cambiando nuestra salud y conduciendo a un ser «cuantificado», y más pronto de lo que pensamos podrá provocar un «aumento humano». La lista es interminable, ya que sólo está limitada por nuestra imaginación.

Soy un gran entusiasta y un innovador precoz, pero a veces me pregunto si la integración inexorable de la tecnología en nuestras vidas podría disminuir algunas de nuestras capacidades humanas por excelencia, como la compasión y la cooperación. Nuestra relación con nuestros teléfonos inteligentes es un ejemplo de ello. La conexión constante nos puede privar de uno de los bienes más importantes en la vida: el tiempo para descansar, reflexionar y participar en una conversación profunda.

Uno de los mayores desafíos particulares que plantean las nuevas tecnologías de la información es la privacidad. Entendemos instintivamente por qué es tan esencial, pero el seguimiento y el intercambio de información personal es una parte crucial de la nueva conectividad. Los debates sobre cuestiones fundamentales como el impacto en nuestra vida privada y la pérdida de control sobre nuestros datos sólo se intensificarán en los próximos años. Del mismo modo, las revoluciones en la biotecnología y la inteligencia artificial, las cuales están redefiniendo el significado de ser humano haciendo retroceder los umbrales actuales de la esperanza de vida, la salud, el conocimiento y las capacidades, nos obligarán a redefinir nuestros límites morales y éticos.

Moldeando el futuro

Ni la tecnología ni la transformación que la acompaña son una fuerza exógena sobre la cual los seres humanos no tienen ningún control. Todos somos responsables de guiar su evolución, en las decisiones que tomamos a diario como ciudadanos, consumidores e inversores. Por tanto, debemos aprovechar la oportunidad y el poder que tenemos para moldear la cuarta revolución industrial y dirigirla hacia un futuro que refleje nuestros objetivos y valores comunes.

Para ello, sin embargo, debemos desarrollar una visión global y común en todo el mundo sobre cómo la tecnología está afectando nuestras vidas y la reorganizando nuestros entornos económicos, sociales, culturales y humanos. Nunca ha habido un tiempo de mayor promesa, o ninguno de un peligro de gran potencial. Los responsables actuales, sin embargo, a menudo son atrapados en el pensamiento tradicional y lineal, o demasiado absorbidos por las múltiples crisis que exigen su atención, para pensar estratégicamente sobre cómo las fuerzas de la interrupción y la innovación configuran nuestro futuro.

En definitiva, todo es cuestión de personas y valores. Necesitamos moldear un futuro que funcione para todos nosotros poniendo a las personas en primer lugar y dándoles el poder. En su forma más pesimista y deshumanizada, la cuarta revolución industrial puede tener el potencial de «robotizar» la humanidad y por lo tanto privarnos de alma y corazón. Sin embargo, como complemento de las mejores partes de la naturaleza humana ─la creatividad, la empatía, la administración─ también puede elevar a la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentimiento compartido de destino. Nos corresponde a todos asegurarnos de que esta posibilidad prevalezca.

(Imagen superior: Cortesía de Thinkstock)

Este artículo apareció por primera vez en Asuntos Exteriores.

Klaus Schwab es Fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial.

Klaus Schwab es Fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial.